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Jueves, 24 de septiembre de 2015  |  NÚMERO 3 Acceda a nuestra hemeroteca
CONSTITUYE MENOS DEL 1% DE LAS NEOPLASIAS MALIGNAS
En dos años se ha avanzado más en cáncer de tiroides que en tres décadas
La novedad en el manejo se refiere a la enfermedad avanzada sin cambios en cuanto a tratamiento local
 

Redacción. Madrid
La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) inició hace más de dos años una campaña de comunicación bajo el lema ‘En Oncología, cada AVANCE se escribe con mayúsculas’. Coincidiendo con el Día Internacional del Cáncer de Tiroides, que se conmemora el 24 de septiembre, la sociedad científica ha destacado los avances más importantes en esta patología. El cáncer de tiroides es un tumor raro, constituye menos del uno por ciento de las neoplasias malignas, y aparecen entre 2 y 20 casos por 100.000 habitantes y año. En España se dan cinco casos por 100.000 mujeres y 1,9 por 100.000 hombres.

Su aparición suele ser en la edad media de la vida, dependiendo de los tipos histológicos. Es la neoplasia endocrina más frecuente (90 por ciento de todas las neoplasias endocrinas), y la principal causa de muertes de todos los tumores endocrinos. La incidencia de este tumor ha aumentado en los últimos años, pero la mortalidad se ha mantenido estable. Se han visto diferencias geográficas, siendo en las zonas deficitarias en yodo mayor la frecuencia de los carcinomas foliculares. En los últimos años, el número de cánceres de tiroides en ambos sexos ha experimentado un crecimiento más rápido que cualquier otro tumor. Ese aumento en la incidencia probablemente pueda reflejar la detección cada vez más precoz de enfermedad subclínica (como en el caso de tumores papilares pequeños). Cuando nos referimos a cáncer de tiroides en general, se suele hablar de tumores diferenciados de tiroides, aunque existen otros subtipos mucho menos frecuentes.

Evolución de los avances en cáncer de tiroides durante las tres últimas décadas. Fuente: SEOM.

La mayoría de los pacientes  con cáncer de tiroides diferenciado  no mueren de su enfermedad. Sin embargo, se han identificado algunos factores  que están relacionados con un mayor riesgo de recaída y mortalidad. Los factores pronósticos más importantes son la edad al diagnóstico, el tamaño del tumor primario y a la presencia de afectación de partes blandas y metástasis a distancia.

Una vez que se diagnostica un cáncer de tiroides, se pueden considerar varias opciones de tratamiento, dependiendo de la extensión de la enfermedad, la edad del paciente y la presencia o ausencia de comorbilidades.

Como en la mayoría de las patologías oncológicas, el mayor beneficio para los pacientes se consigue con el manejo multidisciplinar. En el abordaje de los pacientes con cáncer de tiroides es fundamental la interacción del cirujano, endocrinólogo, especialista en medicina nuclear, oncólogo radioterápico y oncólogo médico.

La cirugía es el pilar fundamental del tratamiento en los pacientes con carcinoma diferenciado de tiroides. En pacientes con factores de mal pronóstico (invasión vascular, subtipos histológicos agresivos, etc.) se plantea ablación con radioyodo tras la intervención quirúrgica. Las novedades en el tratamiento del cáncer de tiroides en los últimos años se refieren, fundamentalmente, a la enfermedad avanzada sin cambios en cuanto a tratamiento local.

La quimioterapia clásica tiene un papel muy limitado en el tratamiento del carcinoma de tiroides. En los últimos años, el grupo más desarrollado de fármacos es el de los inhibidores de tirosin-kinasa. Este tipo de tratamiento ha supuesto un avance en los pacientes que progresan a tratamiento con yodo radiactivo. Bajo esta denominación se agrupa una serie de moléculas dirigidas a bloquear los cambios químicos que ocurren en el dominio intracelular de los receptores de membrana desencadenando la cascada de transmisión de la señal de crecimiento hacia el núcleo. Se trata de fármacos orales, habitualmente bien tolerados y que se pueden tomar de continuo, si el paciente no presenta mucha toxicidad, hasta que la enfermedad se haga resistente a ellos.

La quimioterapia clásica tiene un papel muy limitado en el tratamiento del carcinoma de tiroides
Entre los tratamientos ya aprobados en este tipo de tumores podemos destacar sorafenib, un inhibidor de varios receptores (multiquinasa). Se administra a una dosis de 400 mg, dos veces al día. En el año 2015 se han presentado los resultados de un estudio con un nuevo fármaco, el lenvatinib, un inhibidor multikinasa oral que ha demostrado resultados espectaculares en pacientes con progresión a I-131. Los efectos secundarios más habituales incluyen  cansancio, irritaciones de la piel, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, hipertensión arterial y síndrome mano. Otros dos fármacos de este tipo son el vandetanib y el sunitinib. Vandetanib se administra a dosis de 300 mg, una vez al día. Se reserva para pacientes en los que el sorafenib puede no ser adecuado. En casos en los que no podemos utilizar ninguno de los previos, se puede emplear el sunitinib. Están en desarrollo muchas otras moléculas como son pazopanib,  vemurafenib, dabrafenib, agentes antiangiogénicos como la talidomida o la lenalidomida algunos de los cuales se podrán utilizar en los próximos años.

En Oncología, los avances en el tratamiento del cáncer que se han llevado a cabo en las últimas décadas han supuesto un cambio en las posibilidades de curación y en los tiempos de supervivencia de un numeroso grupo de tumores malignos que, en la mayor parte de los casos, se ha alcanzado merced a pequeños avances en el abordaje terapéutico de cada enfermedad.

 

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